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08.10

Horror Vacui (Solo exhibition)

Serigraphy over plastic on suspended leagues 9 x 11 meters

Alternative space National Arts Center

Mexico City

Lo irreparable es que las cosas sean como son, en este o aquel modo, asignadas sin remedio a su manera de ser. Irreparables son los estados de cosas, tal como ellos son: tristes o ligeros, atroces o felices. Como el mundo es, como tú eres, esto es lo Irreparable.


Giorgio Agamben

The expression designating this exhibition, Horror vacui enable an originally philosophical-scientific notion that anachronistically and as a metaphor joined the artistic language. This simply indicates that nature abhors a vacuum. The metaphorical usage has been repeated throughout the history of art not only as a descriptive classification of a certain style that seemed to abhor a vacuum, but as an operational assignment own artist with his work. In this assignment, the vacuum is recovered as terrifying instance of the production itself, but also and above all of his arguments, his narrative of his story. It seems as if the artistic processes evidenced that the more empty concept of nature is a human problem, a despair that arises when trying to frame it in words, a failure between signifiers and meanings they stop working and empty abysmal advertise irreconcilable spaces.

 

The vacuum emerges in the dimension of the irreparable, it appears when signs fail, occurs when it seems that we see hides more than it reveals, that we remember and produce a broken page is just a word and fragmented disuse. What is irreparable catastrophe, the catastrophe of the accident, the catastrophe of knowing that the only memory is smashed glasses. And then the book is reopened, the first writing, and pen more than clear figures trace fragments, cracks, chips of a memory that fails to build because all they evoke are its remnants.


Benjamin assigned to the historical catastrophe-from writing and therefore his memory the image of a kaleidoscope in the hand of a child, whose starry hopelessly glasses shows a new order. Javier Arango's work is not the kaleidoscope, not the child's hand that holds the child himself or enjoying the collapsed image is probably the launch of the kaleidoscope to cause new fractures, so that their destruction can appear a new writing , that is being sought from the ruins, one that operates from the fissure and is recognized as its scope and delirium.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Julio García Murillo
August, 2010

La expresión que designa esta exposición, Horror vacui, activa una noción originalmente filosófico-científica que de manera anacrónica y como metáfora se integró en el lenguaje artístico. Ésta sencillamente señala que la naturaleza aborrece el vacío. La usanza metafórica ha sido reiterada a lo largo de la historia del arte ya no sólo como calificación descriptiva de un determinado estilo que parecía aborrecer el vacío, sino como asignación operativa del propio artista para con su obra. En esta asignación, el vacío se recupera como instancia aterrante de la propia producción, pero también y sobretodo de su argumentación, de su narrativa, de su relato. Parecería como si los procesos artísticos evidenciaran que el vacío más que concepto de la naturaleza es un problema humano, una desesperación que surge al intentar enmarcarla en palabras, un fracaso entre significantes y significados que dejan de funcionar y se anuncian vacíos abismales, espacios irreconciliables.

 

El vacío surge en la dimensión de lo irreparable, aparece cuando los signos dejan de funcionar, se manifiesta cuando parece que eso que vemos oculta más de lo que revela, que eso que recordamos y producimos es apenas una página rota, una palabra fragmentada y en desuso. Lo irreparable es la catástrofe, la catástrofe del accidente, la catástrofe de saber que la única memoria es la de los vidrios estrellados. Y entonces se reabre el libro, al escribirlo por primera vez, y la pluma más que figuras claras traza fragmentos, grietas, astillas de un recuerdo que no se consigue construir porque lo único que lo evocan son sus remanentes.

Benjamin asigna a la catástrofe histórica –de su escritura y por tanto de su memoria– la imagen de un caleidoscopio en la mano de un niño, cuyos vidrios estrellados irremediablemente muestran un nuevo orden. La obra de Javier Arango no es el caleidoscopio, tampoco la mano del niño que la sostiene ni el niño mismo que disfruta la imagen derruida, es probablemente el lanzamiento de ese caleidoscopio para provocar nuevas fracturas, para que en su destrucción pueda aparecer una nueva escritura, aquella que se busca desde la ruina, aquella que opera desde la fisura y se reconoce como su campo de acción y delirio.

 

 

 


Julio García Murillo
Agosto, 2010

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